Comunidad Campesina Kichwa y
Cosmovisión Indígena en El Ecuador
La Cosmovisión Indígena
La cuarta globalización del capitalismo fortalece la democracia representativa, readecúa el Estado-Nación, consolida la racionalidad occidental, impulsa la homogeneización lingüístico-cultural, nos enseña la importancia del "tener" y generaliza, a través del "American way of life", el nuevo ciudadano cosmopolita e individualizado.
Pero la cotidiana vivencia del indio en la comunidad, asentada en una experiencia de siglos y a veces de milenios, construye la particular percepción indígena de la realidad. Desarrollo de la individualidad y prioridad de la comunidad; Participación, reflexión, debate y consenso en la gestión de la comunidad. Solidaridad, reciprocidad y respeto sagrado a la Pachamama. Lengua, cultura e identidad propias, como cemento cohesionador de ésta arquitectura material y espiritual.
Enraizados en la enorme capacidad de resistencia de la comunidad indígena, los indios ecuatorianos tienen en su activo siglos de resistencia y su condición de desposeidos como clase oprimida y como nacionalidades colonizadas y expoliadas. Tienen también una reserva de humanidad comunitaria. Para ellos la naturaleza y la tierra es como el sol, de nadie y de todos/as, y el bien común está en la raíz misma de su cosmovisión indígena. Comunitarismo y Pachamama los convierte en una reserva de energía, ideas y fuerza para la emancipación humana.
Es la cosmovisión indígena; fuente de sueños y proyectos, fuerza vital regeneradora de voluntades y energías, embalse de potenciales alternativas. Ella choca frontalmente con nuestra concepción del poder, nuestra democracia, nuestra constitución, nuestra modernidad y nuestra monoversidad. De ésta manera, los sucesivos levantamientos del indígena ecuatoriano en la década de los noventa contradicen nuestro proceso histórico.
Los Indígenas y la Constitución
El Ecuador, es una República de ciudadanos libres iguales y 170 años de existencia han tratado de garantizar, por el fuego y la sangre, la veracidad de esta afirmación. Así, el presidente García Moreno enviaba en 1875 el siguiente mensaje a las Cámaras de la República: "no esta lejos el día en que tengamos que perseguir a la raza jibara en masa, a mano armada, para ahuyentarla de nuestro suelo y diseminarla en nuestras costas; dejando libre la colonización de aquellas fértiles e incultas comarcas. Para éstas y otras partes despobladas de nuestro territorio, obtendremos en breve una inmigración de alemanes católicos, si dais al gobierno la autorización y los fondos suficientes" (17). Mas tarde las empresas petroleras crearon bandas armadas al objeto de exterminar a los indios/as en las zonas asentadas.
Como en otros lugares de América Latina, el indio "no existe". Y no existe porque si existiera habría que reconocer los derechos sociales, políticos y culturales derivados del reconocimiento de su existencia. La libertad y la igualdad solo es válida para los iguales y el indio, es decir, el "otro" es diferente. El indio puede ser campesino, obrero, pobre, parado, ciudadano o excluido, pero nunca "indio" Y cuando el indio se convierte en sujeto de la historia, el cínico manto de civilización occidental que encubre la racista sociedad uninacional, se resquebraja.
Democracia y Pueblos Indígenas
El indígena visualiza la democracia a través "de la comunidad" y lo identifica a la reciprocidad, a la cooperación, a la participación, al diálogo, a la reflexión para lograr los consensos, a la armonía, a la solidaridad y a la equidad. Por eso no entiende cuando el Estado y el poder blanco le hablan de democracia. Por ello, es muy difícil explicar al indio lo que es la democracia.
No puede entender que pueda ser democrática una gran comunidad en la que el 20% de la población sea rica y el 80% se ubique en la miseria. Contrariamente al discurso del blanco, su democracia le suena a abuso, interés particular, manipulación y engaño. Para el indígena además, la justicia del poder es la injusticia, su democracia es chanchullo y los partidos políticos son empresas electorales que ofrecen y ganan... dinero. Frente a todo ello, el indígena no tiene discurso propio; solo tiene su lucha, su praxis comunitaria... y su mirada.
Cultura, Ideología, Ética y Globalización
Frente a la mundialización de la mercancía impuesta por la globalización; frente a la mercantlización de las relaciones humanas, el indígena responde con la comunidad. Para sobrevivir en la globalización, de la comunidad hacia fuera, desarrolla las categorías mercantiles. De la comunidad hacia dentro, la reciprocidad y la solidaridad. Pero el nuevo sujeto del imperialismo cultural, es decir, el nuevo tipo de persona, cosmopolita, pseudo-universal, aculturizada e individualizada, que un capitalismo internacionalizado y mundializado necesita para su reproducción penetra también en el interior de las comunidades. Ello se refleja por los cambios culturales que acompañan al cambio de la diversidad alimenticia tradicional, a la perdida progresiva de identidad (vestimenta, música, idioma), al cambio de valores éticos y morales de un sector de la juventud que se reflejan en nuevas pautas de individualismo, egoísmo, insolidaridad, falta de respeto a los mayores y pérdida de respeto a la Pachamama.
La Propuesta Indígena
El reverso dialéctico del proceso es el "poder indígena". El "ushay" o poder propio es para el mundo indígena la capacidad de desarrollarse colectivamente con el aporte de las distintas gentes y de los distintos espacios; con la riqueza añadida generada por la biodiversidad (pensamiento, personalidad, cultura).
Por ello, en los municipios de mayoría indígena se conforman asambleas donde los representantes de las comunidades analizan el presupuesto municipal priorizando las necesidades fundamentales y realizando un control y seguimiento de las inversiones. De esta manera, se democratiza el municipio y se optimizan los pocos recursos que llegan a la alcaldía desde el gobierno central. La gestión participativa permite además hacer muchas más cosas que las estipuladas en el presupuesto
En este sentido, cuando el indígena habla de poder político está hablando de democracia participativa y su propuesta choca con la estructura "los tres poderes consustanciales a la democracia representativa". Cuando el indígena habla de poder político, está hablando también de "la alianza" entre las diferentes nacionalidades indígenas y de la alianza entre el mundo indígena y los sectores progresistas y problematizados no indígenas.
Pero para ellos esa alianza debe estar basada en un diagnóstico común que visualice el origen de las lágrimas; es decir, en la identificación y resolución de los problemas estructurales que afectan al conjunto de los Pueblos del Ecuador. Su propuesta hoy es refundar un estado multinacional, un estado distinto, un país nuevo, rompiendo las viejas estructuras políticas, sociales y culturales que, según ellos, se han agotado (18).
Culminaremos este apartado mencionando dos recientes acontecimientos insertados en lo que se ha venido a denominar como el "primer levantamiento americano del nuevo milenio" y que reflejan precisamente esta "cosmovisión" y "propuesta indígena" en la praxis social y política del indio ecuatoriano
El primero hace referencia a la constitución en diciembre de 1999 de los "Parlamentos de los Pueblos Indios", que más tarde, integrando a los movimientos sociales, se transformará en el "Parlamento Popular de los Pueblos del Ecuador". La propuesta de los parlamentos es acogida por todos los sectores y se constituye en todas las provincias. El objetivo es lograr la participación del pueblo para que defina las propuestas y demandas de cada región o sector, siendo transferidas luego al Parlamento Nacional de los Pueblos.
El segundo, conexionado con el anterior, hace referencia a la iniciativa del Parlamento de Tungurahua, en la primera semana de enero, lanzando la propuesta de destituir a los funcionarios de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. La propuesta es discutida por todos los parlamentos populares y la movilización se focaliza hacia la "destitución de los tres poderes".
En la proclama denominada como "Mandato del Parlamento de los Pueblos del Ecuador para la Salvación Nacional" (19) reafirman que la democracia debe regresar a su única fuente: la soberanía popular; resuelven convocar a los pueblos del Ecuador a un levantamiento general y tratan de refundar un país nuevo con la constitución de la nueva república de los pueblos del Ecuador. En el mismo mandato hacen referencia a las coordenadas programáticas alternativas de la nueva república, en los titulados de: nueva economía; pan con dignidad, empleo y salud para todos; nueva democracia y reforma del Estado; seguridad humana; educación; identidad cultural; equilibrio socioambiental; soberanía nacional; unidad latinoamericana y política internacional.
Durante 4 horas, por primera vez en la historia, el movimiento indígena fue parte del poder político de un país latinoamericano. Abolieron los tres poderes de la democracia burguesa y establecieron un gobierno popular basado en la democracia participativa. En nombre de la defensa de la democracia occidental, ningún país reconoció al nuevo gobierno.
El levantamiento de 1980 demostró al país y al mundo, que las nacionalidades indias no habían desaparecido y que estaban en condiciones de ser, con planteamientos propios, un actor fundamental de la sociedad ecuatoriana. El levantamiento de 1999 y de los primeros días del 2000, demuestra que las nacionalidades indígenas tienen propuestas alternativas para el conjunto de la sociedad ecuatoriana.